

Caminito al costado del mundo
por ahí he de andar
buscándome un rumbo
ser socio de esta sociedad
me pueden matar
Soy el que nunca aprendió
desde que nació
cómo debe vivir el humano
llegué tarde, el sistema ya estaba enchufado
así funcionando.
Siempre que haya reunión
será mi opinión
la que en familia desate algún bardo
no puedo acotar, está siempre mal
la vida que amo.
Caminito al costado del mundo
por ahí he de andar
buscándome un rumbo
ser socio de esta sociedad me puede matar.
Y me gusta el rock, el maldito rock
siempre me lleva el diablo, no tengo religión
quizá éste no era mi lugar
pero tuve que nacer igual.
No me convence ningún tipo de política
ni el demócrata, ni el fascista
porque me tocó ser así
ni siquiera anarquista.
Yo veo todo al revés, no veo como usted
yo no veo justicia, sólo miseria y hambre
o será que soy yo que llevo la contra
como estandarte.
Perdónenme pero así soy, yo no sé por qué
se que hay otros también
es que alguien debía de serlo, que prefiera la rebelión
a vivir padeciendo

El tiempo en serpientes
Estamos experimentando serios problemas de performance en las conexiones de red de la oficina. La simple tarea de leer un email resulta ser compleja y lenta; ni hablar de copiar documentos. Se añoran los tiempos aquellos, en los que eran posibles las llamadas a través del teléfono IP y las video conferencias. Desde los sectores especializados en estos temas, nos indican que debemos mantener un registro de los cortes y del tiempo que permanecemos sin conexión. Cada uno de nosotros debe registrar los cortes que experimenta, lo cual convierte nuestro día a día en algo indescriptiblemente aburrido. Intentando que los malos tiempos de respuesta y la registración de los cortes y demoras no me lleven al suicidio, decidí que mediría los tiempos de corte en serpientes. Si, puede que suene extraño, pero es más divertido dibujar viboritas en un papel A4 que registrar cada evento en una planilla. Me he tomado el trabajo de medir el tiempo promedio que demoro en dibujar cada viborita y resulta ser que una A4 de serpientes representa aproximadamente 1,5 hs. La primera A4 ya está concluida y pueden verla aquí. Pude terminarla en 4 días, lo que significa que cada 32hs de trabajo, he perdido 1.5hs por cortes y baja performance de la red. ¿Volverán los tiempos de las buenas comunicaciones? ¿Quién pudiera saberlo? Yo sigo dibujando serpientes.
Ha sido noticia en estos últimos días, el tema de los fondos del Banco Central de la República y de su utilización para pagar deudas. Según dicen los medios, las reservas de libre disponibilidad ascienden a 17.000 millones de dólares. Me preguntaba cómo será tener esa cantidad de plata. ¿Se podrá guardar debajo del colchón? ¿Qué tan alta sería la torre de billetes si los pongo uno arriba de otro?
Resulta ser, que si tomamos como base el billete de 100 dólares y juntamos 100 de ellos (10 mil dólares), el fajo mide 1,3 cm. Perfectamente se puede guardar debajo del colchón.
Si apilamos 100 fajos de 10 mil dólares contaremos con 1 millón de dólares y la altura sería de 130 cm. Bien distribuidos, los podríamos acomodar debajo del colchón.
Ahora bien, si multiplicamos el millón anterior por 1.000, contaremos con mil millones de dólares y su altura sería de 130.000 cm (1.300 mts o 1,3 kms). Se complica mucho aunque tengamos una cama King Size.
Para juntar los 17 mil millones, multiplicamos el valor anterior por 17 y ya tenemos una altura de billetes apilados de 22.1 Kms. Tengamos en cuenta que los aviones comerciales vuelan aproximadamente a una altura de 10.000 mts (10 Kms)
Por suerte no tengo esa plata, no tendría dónde guardarla. Además, parafraseando a mi amigo Jorge Alejandro: “¿Para qué alguien puede querer semejante cantidad de guita si lo único que realmente queremos es ser amados?”
He leído que la felicidad constante no existe, y que no pueden alcanzarse sino momentos felices o de felicidad. Siempre sucederán cosas que no nos gusten o que nos hagan sufrir; pero ¿si no existiera el sufrimiento, existiría la felicidad? Entiendo que para poder reconocer los momentos felices, hay que haber sufrido también, pero creo que basta con algunos pocos sufrimientos para poder darse cuenta de lo feliz que se es cuando no se sufre. Por otro lado, también puede uno hacer uso de los sufrimientos de otros o potenciales sufrimientos de uno mismo, para reflexionar sobre la propia felicidad. Así por ejemplo, si el hijo de mi vecino se enfermó; reconozco el sufrimiento de mi vecino y a la vez, soy capaz de identificar que eso puede sucederme a mi y ser feliz porque no me ha sucedido.
Ahora bien; lo anteriormente planteado hace que me pregunte ¿la ausencia de sufrimiento en un momento determinado, supone felicidad en ese mismo momento? Creo firmemente, y muy a mi pesar, que una persona puede pasar mucho tiempo de su vida sintiéndose en un estado que podría denominar “neutro”. Siguiendo este razonamiento, podría decir en forma simplificada que mientras los hechos de felicidad y los de sufrimiento se igualan, me siento en este estado de neutralidad.
Ahora bien, existen grados de sufrimiento y grados de felicidad; creo que esto es claro. Por regla general, no sentimos el mismo grado de felicidad cuando comemos una comida que nos gusta que cuando un hijo nos llama papá por primera vez. ¿O si? Y aquí nuevamente encuentro algo que creo cierto. Cada persona debe tener su escala de valores que es la que determina cuán feliz o desdichado se siente ante determinado hecho. Podría decir que un hecho que a alguien lo hace muy feliz a otro no lo hace tanto, o tal vez otra persona sufra ante el mismo hecho. Dado esto, deberé tener en cuenta el peso de cada hecho para determinar el grado de felicidad o sufrimiento que a cada persona le genera. De aquí en adelante, me referiré entonces a felicidad relativa y sufrimiento relativo, para indicar que estoy teniendo en cuenta el peso que cada persona le da a un determinado hecho en cuanto al grado de felicidad o desdicha que le genera.
Por otro lado, entiendo que un momento determinado de la vida, no puede separarse de todos los momentos pasados; y aquí aparece la historia de la persona como variable de peso a la hora de medir su grado de felicidad. ¿Esto es así? Pero claro, ahora lo veo con mayor claridad. Si puedo lograr que los momentos de felicidad relativa a lo largo de mi vida, superen a los hechos que me generan sufrimiento relativo, podré lograr ser una persona feliz. Esto parece una obviedad y no entiendo cómo me ha costado tanto llegar a esta conclusión, que bien podría aplicarse como regla general: Cualquier persona cuyos momentos de felicidad relativa superen a los momentos de sufrimiento relativo, será una persona feliz; por el contrario, si los momentos de sufrimiento relativo superan por mucho a los momentos de felicidad relativa, esta persona será desdichada; y por último, si los momentos de felicidad relativa y sufrimiento relativo son aproximadamente iguales, la persona permanecerá en un estado neutro o de neutralidad. Solo queda reflexionar acerca de cuáles son los hechos que a cada uno le generan ese estado de felicidad relativa y buscar que se produzcan la mayor cantidad de veces posible.
Hoy estoy en la ciudad de Buenos Aires. Viajé ayer y fue bastante bueno el vuelo. Aunque siempre me pareció excesivo el tiempo que me tomaba llegar desde el aeropuerto a la oficina, nunca lo había medido. Esta vez medí todos los tiempos y los resultados fueron:
Desde mi casa al Aeropuerto de Mendoza: 40’ Distancia Recorrida: 33 kms.
Desde el Aeropuerto de Mendoza al Aeropuerto de Buenos Aires: 1h 32’ Distancia Recorrida: 1080 kms.
Desde Aeropuerto de Buenos Aires a la oficina: 55’ Distancia Recorrida: 8 kms.
El tráfico de la ciudad de Buenos Aires es imposible, la verdad que 55’ para recorrer 8kms es una locura. Es un promedio de 8,72 kms/h. Una verdadera locura.
Como es de público conocimiento, cada uno de nosotros recibe diariamente una gran cantidad de publicidad, que nos indica que somos una mierda si no tenemos un nuevo modelo de teléfono o un nuevo modelo de auto o la ropa que está de moda, etc. Como diría la gente de la historia de las cosas:
1) Vamos al trabajo a ganar plata.
2) Cuando volvemos a casa, vemos tele y ahí nos dicen todo lo que tenemos que comprar para ser felices.
3) Como no nos alcanza tenemos que trabajar más y más y así volvemos al punto 1, entrando en un bucle sin fin.
Teniendo claro lo anterior, me preguntaba qué relación existe entre el dinero gastado y la satisfacción que produce un nuevo objeto de consumo en la persona que compra. Dicho de otra forma: ¿Cuánto tiempo le dura la “felicidad” a la persona que adquiere un nuevo objeto y a qué precio? ¿Cuánto debería ganar al mes, una persona promedio para permanecer feliz permanentemente a través de la compra de objetos? ¿Cuánto cuesta el minuto de felicidad por compra de objetos?
Por el momento, me encuentro en la etapa de recolección de datos y los que he obtenido son los siguientes:
1) Compra de teléfono Nokia 5800:
a. Costo: $800
b. Duración de la emoción: 5 meses
2) Compra de iPod Touch:
a. Costo: $1000
b. Duración de la emoción: 2 años
3) Compra de camioneta Defender:
a. Costo: $22000 (dólares)
b. Duración de la emoción: 10 años
4) Compra de mesa de ping pong:
a. Costo: $300
b. Duración de la emoción: 1 hora
Por favor, a todos aquellos que lean este post, les pido que colaboren con datos para enriquecer el estudio.
Al interactuar con diferentes personas en la oficina, pensaba que hay gente que utiliza distinto tipo de muletillas al hablar. Una muy frecuente, es la palabra “digamos”. Se usa mucho y en distintos lugares de la oración. Ejemplos hay de sobra: “Tengo, ‘digamos’ cinco registros en esta tabla, digamos”, “Estoy dispuesto a gastar digamos unos 30, 40 pesos”, etc.
Estamos todos muy acostumbrados a escuchar y utilizar muletillas al hablar, pero en una teleconferencia de trabajo, apareció alguien que repetía constantemente la palabra “digamos” y despertó en mí un interrogante: ¿Con qué frecuencia, esta persona, es capaz de repetir la palabra ‘digamos’? Allí se me ocurrió, tomar nota de cada ocurrencia de la palabra ‘digamos’ mientras la persona hablaba. Tomando el tiempo con mi reloj pulsera, pude calcular los DPM (Digamos por minuto) de esa reunión.
El resultado fue impresionante: 4 DPMs en promedio con picos de hasta 9 DPMs. Tan increíble como cierto.
Les propongo realizar sus propias pruebas con otras muletillas o palabras en general durante cualquier charla, para comparar resultados.